Una reflexión que te invita a descubrir el poder de la oración que nace desde la Gracia.
¿Te has escuchado cuando oras? ¿Crees que Dios escucha tus oraciones? Muy bien, estas fueron las preguntas que me formulé. Y cuando estudié Romanos 5:2, entendí que tenemos entrada libre al trono de la Gracia. Fue allí donde mi manera de orar cambió.
¿Cuál es tu tema de oración? ¿Has visualizado al Padre cuando oras? Si en este momento tus ojos se abren y puedes ver el trono blanco y sublime, ¿qué le dirías al Señor Jesucristo?
Quizás te gustaría abrir tu corazón y decirle al Padre: “Te amo, haz conmigo como quieras.” Esa es una oración de rendición, una oración que reconoce que la Gracia de Dios puede transformar todas las áreas de tu vida.
Medita por un momento: Dios puede concederte aún más de lo que tu corazón anhela, pero Él está interesado, sobre todo, en disfrutar de tu presencia. Recuerda que eres Su hijo, y Su Gracia te da una posición de príncipe. Por lo tanto, acércate con libertad y disfruta de tu posición de reino. Levántate y camina, porque los que piensan como príncipes ocuparán día a día la silla reservada con su nombre.
Hoy es tu día. Clama al Rey de reyes y Señor de señores, como un hijo que está listo para ver la gloria de su Padre. Amén.
La Gracia te da identidad de hijo.